Para poder confesar “he vivido“

Jugar… sin tener que morir o matar.

Los románticos se quedaban en una idea del Amor Total que, como tal, nunca acababa bien. Sus héroes solían morir y eso era bueno para ellos. El amor burgués también es total, pero de otra manera. Siempre acababa bien (a cambio de no mostrarnos el final). Incluso los cuentos acaban con el anuncio, nunca contrastado, de que los amantes fueron felices. Pero sí podemos comprobar que aquella pasión acababa por hacerse hogareña. Va a buscar a los niños al ballet, paga la hipoteca, veranea a la orilla del mar y va en Navidad a casa de los padres de él… Y, ¿todo para eso?, ¿cómo no sentirse descontentos?

El problema es que nos perdemos buscando este romántico “Amor Total!, que nos intoxica por inexistente, en lugar de amar de forma real a personas reales. Y va a ser importante alejarse de una experiencia meramente sentimental para acercarse a la acción y recrearse en el juego de la seducción y la empatía que, al cabo del tiempo, es el que podrá generar una historia en común única y mutua, que es lo que hace que podamos considerar una relación como amorosa.

No es amor la cerrazón, la posesión, la pasión o el aislamiento. Los que, como solución a las dificultades que éste plantea, cuelgan el cartel de “no molestar“ en la puerta, se encaminan a un desastre, porque a continuación exigen al otro que lo sea todo. Tratan de constituirse en perfectos mostrándose amables, enamorados, siempre atentos, transparentes, comprensivos, incondicionales… una de esas relaciones que todos conocemos y que, indefectiblemente, acaban separándose con cierta sorpresa de los que les consideraban una pareja perfecta. Y, precisamente por eso, insoportables. Estable, sí, pero relacionándose de forma voluble, agresiva, indiferente, celosa, atrincherada, rígida, desnutrida, asimétrica… Tantas formas tiene la infelicidad.

Cabe preguntarse qué hay, qué sucede después del vínculo. Una vez establecido llegamos a un punto de crisis, a una bifurcación en la que se plantea o bien el acceso a una relación amorosa o bien la deriva hacia una relación meramente institucional.

Una buena parte del trabajo de Foucault consistió en proponer la generación de heterotopías, a diferencia de las utopías, sí tienen una existencia concreta y real en los márgenes del sistema social.

Observamos que, diez años después del enamoramiento, al menos la mitad de las parejas no siguen juntas y, si lo hacen, no es por las mismas razones que les habían unido. Se hace necesario para ellas hallar nuevos motivos, nuevas complicidades, nuevos objetivos. De no ser así, se produce la crisis de la ruptura. Por regla general tenemos una pareja que funciona bien con el paso del tiempo cuando invertimos el deseo de sensaciones en intereses, deseos y valores en parte compartidos (el deporte, el arte, el cine, los viajes, los amigos, los placeres, el erotismo, la cultura… la curiosidad) y en parte no compartidos. Tenemos una pareja que funciona bien cuando no esperamos de ella una satisfacción total.

No hay realidad marital que satisfaga lo que una persona quiere y desea. No hay hombre que satisfaga la compleja realidad de una mujer. Lo mismo puede decirse de las mujeres respecto a los hombres. Y no es deseable pretender que esto ocurra. Esa totalidad, esa perfección, resulta destructiva. Un exceso de realidad le vuelve a uno aburrido, un exceso de fantasía le vuelve a uno loco, un exceso de virtualidad le vuelve a uno banal. ¿Qué hacer?

La vida entendida como un juego que cada día empieza y acaba. Un juego en el que cada partida no condiciona el devenir de la siguiente. Amor jugando como si nunca hubiésemos de morir, tan conscientemente que se pueda decir lo que dice Hikmet en un poema: “He vivido!.

Las reglas del juego

Volvamos a la pregunta: ¿qué hacer? Juego siempre, seducción a veces, empatía otras, aventura y rutina mezcladas… ¿En qué consiste una relación que pueda mantenerse como amorosa? Aún dentro de la dificultad de ser precisos, sí es posible acotar algunas de las características de lo que podríamos considerar una pareja con una relación amorosa “envidiable“:

  • Existencia de proyectos personales y originales en los que están implicados con pasión. esto es, proyectos intensos, pero necesariamente individuales.
  • Flexibilidad que permita a los amantes adoptar papeles y posiciones cambiantes en función del momento de su relación amorosa y de la situación social en la que viven.
  • Evoluciones y situaciones de  vida originales y, a veces, caóticas, en las que radica su atractivo y su peligro, que se desencadenan al introducir formas nuevas, no determinadas por el orden social, en las relaciones de pareja.
  • Afrontamiento de las dificultades y obstáculos de trato, de aceptación y de rechazo, sociales… , que van a encontrarse quienes deciden vivir a contracorriente. En tales situaciones, la vida resulta más complicada y exigente, pero, al tiempo, proporciona una fortaleza a quienes eligen vivir así.
  • Necesidad de una cierta riqueza material. “Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana“, dice un refrán. Y, aunque sea algo cínico y no siempre cierto, no podemos olvidar que en condiciones de pocos recursos a veces es más fácil, probable y hasta necesario seguir la corriente.
  • Planteamiento de la cuestión sexual, que es, quizá, la característica más difícil, pero necesaria para toda pareja que pretenda mantener una relación amorosa. El tipo de acuerdos que, en este sentido, adopten les llevará a modificaciones en el estilo de sus prácticas sexuales.

Todo esto no es posible si no transcurre en una igualdad real, no de palabra, referida tanto a la capacidad de tomar decisiones acerca de lo que ocurre en la relación, como al mantenimiento del compromiso con esas decisiones.

El orden social recela de todo lo que escapa a la norma. Lo múltiple, lo “bi“, lo cambiante y abierto, lo contradictorio, va contra lo establecido y, sin embargo, describe nuevos tipos de relaciones humanas que están empezando a aparecer. En la actualidad, podemos considerar que las nuevas familias, las nuevas parejas, constituyen laboratorios sentimentales del futuro. Muchos experimentos saldrán mal y sólo unos pocos tendrán éxito. No sabemos cuáles, pero se observan muchas direcciones: Las relaciones entre solteros, las monogamias sucesivas, las parejas no estrictamente monogámicas, las parejas que aun siéndolo no comparten domicilio, parejas de segundas nupcias, las relaciones homosexuales, las familias uniparentales, la separación entre convivencia y sexo, las parejas de amigos con sexo incluido, las relaciones mediadas por internet… Todas ellas empiezan a constituir formas aún inestables, variadas y, en ocasiones, erráticas, pero importantes a la hora de ir creando nuevas formas de vivir las relaciones amorosas, lo que tiene un gran significado humano y político.


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