La anticipación del goce

Conviene tener en cuenta que el goce del erotismo es la clave de una relación amorosa No lo es el enamoramiento, no lo es la vida en común, no es la crianza de los hijos, no lo es el compromiso. Es el gozo sexua alejado del impulso rápido y sobrecogedor del adolescente. Una pareja sin sexo es una sociedad, más o menos, anónima

Con el término “sexuaidad”, estrictamente hablando, nos referimos al proceso de intercambio de genes, y eso sólo ocurre en la especie humana a través de la reproducción. Es una palabra demasiado biológica; una acción demasiado alejada de la que imaginariamos cuando pensamos en “sexo”, circunstancia en la que lo que se suele tener en mente es el erotismo: la elaboración cultural del sexo, el conjunto de posibilidades que los seres humanos construimos sobre esa realidad biológica.

La práctica cuidada del erotismo se asienta en el desarrollo de ese estado mental que llamamos lujuria, y que no es el placer que sentimos, sino la anticipación de ese placer, que invade el cuerpo y la mente cuando deseamos la actividad erótica. El orden social advierte contra ella porque, ciertamente, tiene el riesgo de la inmoderación, aunque ese peligro lo tiene casi cualquier actividad. El deseo de dinero, por ejemplo, también puede ser desenfrenado. Si la lujuria es peligrosa es más bien porque conlleva tanta fuerza que puede subvertir el orden social, ya que no tiene en cuenta la pertenencia o la propiedad. Con ello se toparon las heroínas de grandes novelas del siglo XIX: Ana Karenina, Ana Ozores o Emma Bovary.

Sobre la lujuria han caído muchas condenas; desde el estoicismo griego hasta los planteamientos de castidad del cristianismo de San Agustín y Santo Tomás, sin olvidar las que Freud, y su suspicacia acerca de la posibilidad de una sexualdad sana y libre, arrojó. Hy miedo El placer que nos anticipa introduce un bucle creativo generador de satisfacción profunda y, a la postre, libertad y desobediencia a lo establecido Cuando somos lujuriosos deseamos la creación de un ciclo: te deseo a ti y a tu deseo de mí, y espero que tú me desees a mí y desees mi deseo…, un bucle revolucionario, liberador.

Es notable que no siempre ha existido el amor -no olvidemos que tal como lo concebimos se desarrolla a partir de la Edad Media-, pero sí el erotismo, concreción del deseo como flujo general e inespecífico propio de los seres humanos, capaz de innovar y generar prácticas de placer. Para ello, nos valemos de la fantasía, y, sobre todo, de la imaginación, que se convierten en el motor de la vida cuando su propio devenir y las dificultades que éste genera nos impiden soñar.

Erotismo y amor son realidades independientes y que sólo en ocasiones, sólo en determinados momentos históricos, han ido juntas. No tienen que estar conectadas y menos aún de forma que en nuestras sociedades occidentales damos a esa conexión.

E erotismo conmueve nuestra corporalidad como no hay otra dimensión humana que lo haga. Exige que desarrollemos nuestra capacidad de vivir la vulnerabilidad y la intimidad. Y ser vulnerable, ser íntimo, desvelarse, arriesgarse por el otro, es algo muy exigente. De hecho, es el mayor problema con el que nos encontraremos al tener relaciones amorosas.

No hay relación sexual

Lo erótico tiene algo de indomable, de no cultura, de animal, de ahí nuestro pudor frente a su exhibición y la dificultad para manejar la cercanía corporal. Pero negar esa parte no es nunca una buena idea. Lo biológico, lo “animal”, también existe. De hecho cuando la práctica erótica es demasiado suave, demasiado noble, demasiado cultural, demasiado dulce, se convierte en poco atractiva, poco pasional.

La relación erótica es la metáfora más importante de lo humano porque es permanente,igual para todos nosotros, debido a que, desde el punto de vista corporal nos proporciona la experiencia más placentera -el orgasmo- que podemos sentir. Pero más importante aún es el hecho de que sea la única que posea que posee la capacidad de disolver nuestras caracteristicas más estables y, por tanto, más rígidas: El “yo”, la historia personal, la identidad, el tiempo, quedan suspendidos gracias al erotismo. Además, tiene una importancia contingente, del momento presente, como creador de vínculos con otras personas, como criterio de aceptación personal, como forma de afirmación…

Y todavía podemos ir más allá. La corporalidad sexuada es el motor más importante de la capacidad de desear, y ello va a tener una gran importancia política, ya que nos permite escapar de la preferencia por lo familiar, por o consanguíneo, en introducirnos en lo ajeno, lo gratuito y no obligatorio.

Lo erótico aumenta cuando se desacopla de otras realidades con las que se mezcla, como la reproducción, el amor, la pareja… e incluso el placer, ya que puede ser más importante lo que se supone la creación de relación, de expectación, de deseo… que la realización y la satisfacción de este.

Entre la actividad sexual y la reproducción hay desacoplamientos. El primero es obvio y nos lo da la propia naturaleza biológica de los mamíferos. En los primates, pero sobre todo en los seres humanos, no se da el fenómeno de épocas de celo. Además, en nuestros días, los últimos desarrollos en métodos de anticoncepción llevan este desacoplamiento casi hasta su extremo. Es posible, y de una forma segura y cómoda, desconectar ambas realidades, y que las personas puedan mantener relaciones eróticas al margen de la institución matrimonial y de las constricciones biológicas. Esta desconexión es una de las razones de que la institución matrimonial haya perdido fuerza en casi todas las sociedades occidentales.

Al desligarse la sexualidad de la maternidad se rompió la idea de su unión inexorable con la función reproductiva, rol principal y prácticamente exclusivo de toda mujer. La llamada por Giddens “sexualidad plástica” -descentrada, liberada de las necesidades de la reproducción- es crucial para que se produzca un erotismo vinculado a cualquier idea de emancipación. En este sentido, la reivindicación del placer sexual por parte de los hombres y de las mujeres se ha convertido en elemento clave de libertad y felicidad.

El erotismo se libera y recobra la práctica lúdica de relación, de vinculación, de gozo, de igualdad.. La desvinculación del sexo de la reproducción ha sido de tal novedad que aún no hemos visto el final, ya que esa separación nos ha abierto el camino a otras separaciones. El amor total, entendido como la fusión de amor, sexo, matrimonio, reproducción, hogar… es una opción, sólo eso, una opción.

“No hay relación sexual”, afirmaba Lacan. Aunque tenga algo de boutade, decía algo importante, y es que el goce, como satisfacción total, no es posible. Es material, biológico, fuerte, pero inconmensurable, ya que no produce, no es práctico. Es desconcertante porque trae sorpresas y caos. No decimos “somos relaciones sexuales”, sino “tenemos relaciones sexuales”. Pero, ¿que es tener?, ¿qué es lo que se tiene?. El término “relación” proviene de traer, transportar, cortar… Una relación, por tanto, transporta algo entre personas, pero ¿que se lleva, qué se corta, en una relación sexual? Nada. No hay ese intercambio, esa cesión. Así que la relación sexual no existe como tal, ya que no hay transporte alguno. Sí existe “follar”, un verbo, una acción a la que podemos dar contenido y definición. El sexo no va unido a la relación, va unido a la acción. Podemos tener relaciones eróticas y además, si queremos… podemos follar.

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